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A veces, San Valentín se nos termina mostrando de una forma alternativa.
Esto que hoy os muestro, no es nuevo, pero realmente ocupa un lugar especial en
mi corazón. La realidad de la existencia suele estar más cerca de este tipo de
situaciones que de otras idílicas, esas que se nos venden encapsuladas en
corazones de papel satinado en rosa. No obstante, quiero dar gracias a dos
cosas en este día, a Montse Rocco (una amiga inesperada y admirada del otro
lado del charco), por escribir estas palabras y darme permiso para compartirlas
con vosotros y, en segundo lugar, pero no menos importante, a la capacidad de
amar de las personas, aunque los resultados no siempre sean los mejores, espero
que como yo, nunca renunciéis a encontrar el amor.
Desde siempre, he sentido que la capacidad de entrega de una persona, es algo que sólo se puede medir en tonos de color. Tonos que van de un blanco y negro antiguo, pasando por un sepia, que supondría un maduro pozo de emotividad basada en modelos de hace bastantes años. A veces, incluso pueden ser repletos de color, pero, en mi corazón, sólo se puede ser de alguien, pertenecer a alguien en sepia, un tono de majestuosa elegancia, un tono de desencarnada entrega. Este mes fue San Valentín y pese a no ser un fan de esta fecha, desde hace unos años, es un momento en el que me permito soñar y en la que trato de expresar lo fácil que siempre me resultó ser tuyo. Para todos los que sienten que se puede ser de alguien sin dejar de ser uno mismo, un toque de amor encapsulado en sepia al ritmo del swing.
Espero que sintáis como se rozan las fibras del alma al sentir que se puede ser de alguien.
Navidad, ese momento del año soñado por muchos y temido por otros. Lugar donde se mezclan la ilusión y la melancolía a partes iguales.
Como cada año, no quiero dejar pasar la ocasión de desearos a todos, que estas fiestas sean parte de la consecución de pequeñas alegrías asociadas. Que descubráis el poder del amor que se encuentra dentro de todos y sobre todo, que seáis capaces de compartirlo con vuestros seres queridos.
Desde siempre, Petrarca ha sido una de esas figuras que me han fascinado. No puedo evitar sentir que tras setecientos años, aproximadamente, el mundo emocional que nos rodea internamente, apenas haya variado.
La búsqueda del amor, la búsqueda del contacto con el ser amado y el tributo, cargado de tristeza y melancolía, a su ausencia, es algo que desde siempre, ha acompañado el devenir del ser humano en este mundo.
Con humildad, pongo este pequeño vídeo sobre uno de mis sonetos preferidos de él. Espero que os guste y que sintáis, al igual que he sentido yo, la carga emocional que conllevan sus palabras.
En la vida, habitualmente buscamos aquello que nos da fuerza y nos hace sentir seguro y amado. A veces, conseguimos que todas esas sensaciones nos lleguen de la mano de alguien concreto, alguien que se torna tan especial que se hace insustituible en el resto de nuestros días.
Lamentablemente, no siempre conseguimos que la maravilla de poder contar a nuestro lado con esa persona, sea algo que se prolongue en el tiempo, no obstante, sólo puede decir que ha amado aquel que sintió que fue rozado por la maravilla de sentir que había encontrado a ese ser especial.
Lo más bonito que he aprendido con el paso de los años, es que quizá una vida dé para algunos seres especiales.
Llevaba mucho tiempo tratando de encontrar palabras que me permitieran expresar lo que llevaba dentro y, sin duda, necesitaba decir.
Parecía como si fuese una tarea imposible, de difícil resolución. Los episodios se agolpaban en mi mente y el guión de cualquier posible relato, se eclipsaba una y otra vez, dando como resultado una caótica sucesión de vivencias inconexas e incoherentes.
Trataba de expresar que el tiempo me había puesto en el camino de la reconciliación y la comprensión que durante años me había faltado. Trataba de expresar como las antiguas ofensas, reales o imaginarias, habían dejado de tener significado. Trataba de expresar como me maravillaba que alguien que se encontraba, lamentablemente, en su declive, podía seguir demostrando cada día una actitud protectora y amorosa, cuando era muy difícil hacerlo. Alguien que pese a sus esfuerzos, había obtenido unos resultados emocionales -desde mi punto de vista- de algunos de los suyos, bastante escuetos, por decir algo.
Me di cuenta que era más sencillo que todo eso, me di cuenta que lo único real era lo que vivía a su lado cada mañana. Esa sensación de ser querido e importante para alguien a quien las fuerzas apenas le llegaban para nada, eso, ciertamente, era lo único importante y aquí, he tratado de reflejarlo. Para conseguirlo he añadido una de esas canciones que siempre me han transportado lejos, a un cielo de emociones a flor de piel. También he conseguido algunas fotos antiguas, la definición es deplorable, pero su alma las impregna de tal manera, que se me humedecen los ojos al verlas.
Gracias mamá, gracias por hacerme sentir cerca de tí.
A veces creo ser alguien afortunado. Hace unos días, una amiga (esa es la razón de mi fortuna, el tenerla como amiga), María Del Carmen Méndez, publicaba en facebook este poema, poema que leí y desde el principio me dejó absolutamente prendado.
Hable con ella y le pedí permiso para poder hacer algo con él, algo que pese a no ser lo que posiblemente mereciese, sería no obstante un pequeño tributo a la emotiva y sentida melancolía y resignación (también rabia y superación) que me transmitía por dentro.
En definitiva, algo hermoso por compartir, algo delicado a lo que he tratado de poner un granito de sensibilidad y ternura, que nunca desesperanza.